Ski en La Cordillera

ECOSISTEMA MONTAñA

Un paisaje lleno de vida

La Cordillera de Los Andes alberga a un gran número de especies, entre las cuales destaca el cóndor, nuestra ave nacional que hace sus nidos en medio de las rocas de nuestras montañas y que sin duda podrás ver sobrevolar los cielos de Valle Nevado.


Flora

Líquenes y flores cubren Valle Nevado en verano

Más de 500 especies diferentes se pueden observar en primavera y verano, de las cuales cerca de un tercio son endémicas, es decir, exclusivas de nuestros suelos. Entre las plantas más características encontramos árboles, arbustos y hierbas, como los lirios del campo, ortigas, romerillos, zarzamora, arrayanes, boldos, espinos y quillayes, entre otros.
Sin embargo, la yareta o llareta, es una de las especies más comunes por sobre los 3.000 metros es, especie nativa de Sudamérica, de hojas pequeñas y  duradera, que subsiste en zonas frías manteniendo siempre su follaje. Ya gran proliferación en verano, se debe a que prefiere los suelos pobres nutricionalmente como los de las zonas cordilleranas.

Fauna

Los Andes, el hábitat de numeras especies

Las montañas que rodean Valle Nevado son el hogar de una gran diversidad de animales, algunos residentes permanentes y otros que nos visitan en forma ocasional.  En el caso de las aves, sólo 5 especies son endémicas, es decir, exclusivas de nuestros cielos, entre las cuales destaca el cóndor, nuestra ave nacional.
El cóndor es la especie más grande del todo el hemisferio occidental, puede medir hasta 3.30 metros y pesar más de 15 kilos. De cabeza desnuda, pequeña y de color rojizo, tiene un pico de borde cortante en forma de gancho. Sus alas largas y su tupido follaje le permiten alcanzar alturas de vuelo por sobre los 7.000 metros y planear por cientos de kilómetros. Se alimenta casi exclusivamente de cadáveres de animales, puede ingerir más de 5 kilos de carne por día y pasar hasta cinco semanas sin comer.
La Unión Internacional para la Conservación de la naturaleza cataloga al cóndor como una especie casi amenazada, ya que actualmente ha sufrido la pérdida de su hábitat y debe luchar contra el envenenamiento por alimentarse de presas contaminadas.

Niño del Plomo

Una leyenda antropológica

Entregado al Dios del Sol hace más de 500 años como parte de un ritual religioso en el Tawantinsuyo,  territorio ocupado por los Incas y Quechuas, en cuyo idioma significa “un todo que tiene cuatro naciones”, el niño de ocho años encontrada frente a Valle Nevado a más de 5.400 metros en la Cordillera de Los Andes, se ha convertido en toda una leyenda antropológica.
El Niño del Plomo es uno de los primeros descubrimientos en su clase: el niño se encuentra en excelentes condiciones de conservación, gracias a las bajas temperaturas que le proporcionó el clima extremadamente frío de la cordillera central de nuestro país.
El niño  fue descubierto en un santuario incaico por un grupo de arrieros en 1954. La tradición cuenta que el sacrificio se llevó a cabo en un sector denominado “El Enterratorio”, donde se ubicó la ofrenda funeraria caracterizada con una unku (túnica) de lana oscura, adornos de piel y lana roja. Su rostro fue pintado de color rojo con franjas amarillas, mientras que su cabello tenía más de 200 trenzas. Sobre el peinado tenía un llautu, adorno que consistía en un cordón de pelo humano fuertemente torcido, que da cinco vueltas alrededor de su cabeza y que desciende por debajo del mentón como un fijador que sostenía un adorno de plata.
Adormecido mediante la ingesta de alguna sustancia narcótica, El Niño fue depositado en una cámara de estructura rectangular con muros de piedra de 80 centímetros de altura aproximadamente, la que fue sellada con laja, piedra típica de esta zona de la Cordillera de Los Andes y que se caracteriza por separarse fácilmente en tablas planas.
El niño del Plomo se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile, donde es exhibida como pieza antropológica de gran valor patrimonial.

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